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27 junio 2007

Lo que se debe hacer

Con las rodillas abrazadas, dedicándole mi más auténtica mirada como las vacas al tren, escuchaba con imperturbable atención las palabras de aquel maestro oriental.

Cuando subas a la montaña, hay dos cosas que debes hacer... -explicaba el orador con tono medido.

Entonces he abierto los ojos, me he quedado sin saber lo que debo hacer tras subir a la montaña y con la sensación de que acababa de perder el hilo necesario para desentrañar uno de los enigmas vitales más cruciales para la completa comprensión de la existencia.

La realidad de mis sueños me coloca casi siempre a la espera, zambullida la voluntad en universos en los que solo puedo quedarme a verlas venir. ¿Si mi inconsciente es así de pasivo, por qué se mostrará tan reactiva mi consciencia?

Estas cuestiones me resultan demasiado tupidas para un interludio de vigilia, así que me volveré a la cama dejándome acunar por la sencillez tonal y argumental de Jeanette. Por ver si se me pasa esta crisis angustiosa a fuerza de píldoras con sabor de pata de elefante.

09 noviembre 2006

Cuando no se sabe a donde ir

Estaba durmiendo en mi cama, no en la de mi casa, sino en la cama de casa de mis padres. De repente mi padre, a modo de mayodormo, ha abierto la puerta y ha anunciado a mi jefe. Me he mirado, he comprobado que tenía el edredón hasta la cintura y que llevaba el pijama de manga larga. Se ha sentado en la cama a mi lado y hemos abierto el portátil apoyándolo sobre mi regazo. Me ha comenzado a explicar los detalles de la reunión de mañana. En un momento dado, me ha dicho que había alguien con quien debía hablar porque era el que más sabía del tema. Ha marcado un número en su teléfono móvil y me lo ha pasado. He comenzado a oír la vez de mi antiguo jefe, alta y clara. No he sido capaz de decir ni una palabra, ni siquiera de preguntarle cómo le iba. Cuando he colgado mi jefe me ha dado la dirección del sitio en el que habíamos quedado. Me ha mostrado una tarjeta con un mapa en verde sobre blanco detrás.

-Lo encontrarás porque tiene un cangrejo de boj en la puerta -me ha dicho.
-Sí, sé donde está, eso queda muy cerca de la estación, puedo ir andando.

Después se ha marchado y yo me he quedado pensando en la cama. 08. La dirección tenía un código postal que comenzaba por 08. Entonces me ha encajado todo. Me había dado una dirección de Barcelona y habíamos quedado en Madrid. Lo he llamado al móvil.

-Oye, me has dado una dirección de Barcelona, de hecho es un restaurante que estaba al lado de mi casa allí.
-Jaja, sí... Ya estábamos apostando a ver cuánto tiempo tardabas en darte cuenta.

Entonces me ha dicho que no pasaba nada, que mi compañero me llevaría a la reunión, que él sabía donde teníamos que ir, que no me preocupara por nada.

Y me he quedado en la cama, preguntándome por qué había venido a verme mi jefe, por qué la voz de mi antiguo jefe sonaba tan nítida y por qué me había gastado esa estúpida broma.