Del estío al interludio
Resulta extraño regresar. La sensación de nunca haber marchado y la inquietud de no reconocer lugares comunes conjugan este adormecedor son de neuronas a la deriva. Mi vida se consume entre AVEs y aviones. Los momentos, degustados antes con tanto deleite, son devorados ahora en ávidos bocados indigestos. Siempre estoy de viaje hacia ninguna parte, esperando alojar mi existencia en ese tránsito sin sentido. En ocasiones me digo que es como si mi esencia se hubiese tomado fiesta. ¿O acaso se habrá extinguido?
No me muevo en un ámbito desconocido. Ya una vez todo fue como es. Si es cierto que el pasado es capaz de predecir el futuro, el mío dictó sentencia hace muchos años. Volveré a huir, tal vez éste sea el único truco que alguna vez aprendí.
Recuerdo en la nostalgia a otra persona, a uno de esos seres que habitaron mi cuerpo con anterioridad. Observo con abulia aquel pausado discurrir de indecisiones y juegueteo con la bisutería entre mis dedos esperando a que la brújula deje de hacerse la loca.
Acepto que soy feliz, aún a mi pesar. Pero sigo sin encontrar esa sonrisa que no trasgrede facciones.
