Tiempo de reacción
La medida de la vida es una preocupación intrínseca a la cualidad de vivir. En Seasons of Love, de Rent, el anhelo de amar es el que marca el paso de las estaciones. En Forbes la calidad vital se cuantifica en dólares. En algunas páginas web se clasifica la valía de una existencia en función de la popularidad del que existe. En el Libro Guiness de los Records, la vida aparece catalogada de acuerdo a una variada colección de medidas temporales, longitudinales, fisiológicas...
Si omito la validez de estas escalas aceptadas por la mayoría, me da por pensar que cada cual valora y se valora según lo más urgente (si bien lo más urgente no suele ser lo más importante, según Fito). Ante la urgencia, por su naturaleza imprevisible y advenediza, la única respuesta humana es la reacción. Por lo que en un mundo atestado de urgencias incontrolables el tiempo de reacción es la más valiosa de las aptitudes.
¿Seremos, en realidad, atletas esperando al sonido de un disparo? ¿Qué es lo que ocurre cuando a ese disparo le siguen detonaciones en espacios inalcanzables? ¿Será la vida un estado de alerta permanente?
Estas preguntas, portátil en el regazo y almohada entre los brazos, amohínan mi ánimo cuando la lucidez se adormece. Con curvas rematadas en puntos la conciencia desvanece una existencia que no soy capaz de alcanzar. Y así, sabiendo mucho menos que cuando me levanté, vuelvo a dormirme de nuevo.
